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Breves apuntes sobre la teoría de Klaus Knorr aplicada a las relaciones económicas internacionales

Publicado: 21 de junio de 2022

Siwima Rojas

1. Introducción


Deseamos enfocarnos en el análisis de algunos postulados de Klaus Knorr, importante teórico de las relaciones internacionales, aplicados a las relaciones económicas entre Estados. Ello en atención a que, en el siglo XXI, sería un acto de ceguera cognitiva negar que las relaciones de poder en las relaciones internacionales tienen un alto, sino esencial, contenido económico y porque estimamos que su desarrollo teórico resulta de suma importancia y actualidad.


Klaus Eugene Knorr, profesor de economía, economía internacional y ciencias políticas de las Universidades de Stanford, Yale y Princeton durante muchos años, así como, consultor del Departamento de Estado, del Departamento de Defensa y de la Agencia Central de Inteligencia norteamericanos, nació en Alemania en 1911, pero emigró a Estados Unidos en 1937 y, años más tarde, en 1968, junto a tres asociados, elaboró una propuesta para la retirada de las fuerzas norteamericanas y vietnamitas de la guerra. (Flint, 1990) Y es que Knorr es poseedor, además, de una prolífica obra en materia de relaciones internacionales, que incluye algunos libros de su autoría como “On the Uses of Military Power in the Nuclear Age”, “War Potential of Nations”, “Power and Wealth”, entre otros.


2. Poder económico de un Estado y sistema económico nacional


Resulta especialmente importante para nosotros analizar la relación que Klaus Knorr identifica entre las nociones de “poder económico de un Estado” y “sistema económico nacional”, así como la pregunta que formula respecto a si ¿los sistemas económicos nacionales determinan el poder económico de un Estado o no?.


En ese sentido, desde una primera aproximación a los textos de Knorr, podemos señalar que las nociones de poder económico estatal y de sistema económico nacional que él desarrolla difieren en su ámbito de aplicación, ya que el primero atiende a las relaciones de poder que vinculan a un Estado con otros Estados a nivel internacional, en tanto que el segundo alude, más bien, a la configuración de la política económica nacional al interior de cada nación. Se trata de una división conceptual, aparentemente clara en principio, pero que reviste de cierta complejidad y que esperamos comprender en el presente desarrollo.


En su libro “Power and Wealth” Knorr señala que, aunque muchos teóricos definen al “poder” en sentido amplio, pues incluyen dentro de él a todo tipo de influencia, sea esta coercitiva o no coercitiva, él considera dentro de la noción de poder solo a aquella influencia de tipo coercitivo. (1973) En ese sentido, afirma que el poder económico nacional puede ser activo y pasivo. El poder económico nacional activo está determinado por la capacidad de un Estado de beneficiarse a sí mismo a través del empleo de una política económica o financiera que dañe o afecte a otro Estado o Estados; en tanto que el poder económico nacional pasivo se define, más bien, como la capacidad que tiene un Estado de limitar o resistir el poder económico que otro Estado ejerce contra él. (1973) Siendo un ejemplo que permite comprender esto, citado también por Knorr (1973), el embargo económico impuesto por EE. UU a la exportación de diversos bienes estratégicos de la Unión Soviética, después de la Segunda Guerra Mundial, ya que dicha medida tenía como objetivo obstruir el crecimiento militar de la Unión.


Ahora bien, resulta importante mencionar que, Knorr excluye de su noción de poder económico, al uso del poder de mercado que tenga por finalidad asegurar el incremento de las ganancias económicas de los países -prácticas dentro de las que considera, por ejemplo, a las posiciones monopólicas y monopsónicas- porque solo constituyen ejercicio del poder económico propiamente dicho, para él, las acciones desplegadas deliberadamente por los Estados para debilitar, dañar y coaccionar económicamente a otras naciones. (1973) Ello debido a que para Knorr es completamente racional que los Estados busquen ampliar sus ganancias económicas y las prácticas que los sistemas económicos nacionales desplieguen en ese marco no constituyen ejercicio de poder económico entendido como agresión.


En ese sentido, Knorr aboga por distinguir que existen diversas prácticas de la política económica internacional de los Estados que aunque podrían entenderse, aparentemente, como adecuadas para afectar y dañar deliberadamente a otros países, en realidad solo son adoptadas con la finalidad de satisfacer intereses domésticos, propios e internos de cada nación, como son reducir sus niveles de desempleo y de pobreza o beneficiar los intereses de productores nacionales políticamente influyentes, entre otros. (1973) Prácticas que no constituyen ejercicio de poder económico porque no tienen por finalidad coaccionar a otro Estado a actuar de un modo determinado en las relaciones internacionales, sino solo, coadyuvar a cumplir los objetivos trazados para sí mismos por sus economías nacionales.


Encontrándonos en este punto, estimamos oportuno, sin embargo, esbozar algunas apreciaciones. Nos parece imposible concebir el impacto que tienen sobre algunos Estados las acciones económicas desplegadas por otros Estados, en forma aislada y disociada del diseño de las políticas económicas internas de estos últimos. No es necesario que un Estado demuestre expresamente su deseo de coaccionar a otro en una determinada dirección para hacerlo efectivamente. De hecho, nos parece que Knorr no determina exactamente si la ausencia de coacción o deseo de dañar a otro Estado en una relación comercial internacional, por ejemplo, es un requisito sine qua non para considerar que no nos encontramos ante el ejercicio de poder económico de los Estados o si más bien propugna que en las relaciones internacionales comerciales no debe existir dicha motivación. Por otro lado, no concordamos tampoco en alegar que la búsqueda de crecimiento económico de todo Estado sea un proceso siempre e indefectiblemente racional, ya que afirmarlo sin considerar límites a dicha búsqueda resultaría peligroso. La búsqueda de ganancias económicas ilimitadas, tal vez no en todos los casos, pero sí en la mayoría, implica también un impacto negativo en otros Estados.


3. The economic dominance y the economic domination


Por otro lado, Klaus Knorr (1973) distingue dos conceptos: the economic dominance y the economic domination, el “dominio económico” y la “dominación económica”: El primero, que se refiere al impacto involuntario que los cambios producidos en algunas economías nacionales generan en otros Estados en tanto que el segundo, alude más bien, a un fenómeno deliberado y voluntario. Es así que Knorr (1973) presenta como ejemplo, que permite ilustrar mejor esto, el siguiente: si varían, por ejemplo, los niveles de precios, empleo, crecimiento económico, etc., de Estados que poseen un gran peso económico (como lo son las denominada potencias económicas), ello sin duda afectará a otros Estados pero se tratará de un impacto involuntario porque, según Knorr, ningún Estado contrae su propia depresión o inflación económica para dañar a otros Estados y los gobernantes no incentivan su crecimiento económico para beneficiar o dañar a otros países.


En esa línea, el mayor peso económico que tienen algunas economías (como la economía norteamericana, por ejemplo) les otorgaría dominio económico sobre otros actores internacionales, pero no necesariamente dominación económica. Ello, aceptando la afirmación de Knorr de que las decisiones económicas de los países solo afectan involuntariamente a otros.


Así también, Knorr (1973) estima que el poder económico, entendido como agresión, no se presenta propiamente en las relaciones comerciales o cuasi-comerciales a nivel internacional, porque en las negociaciones de tratados y acuerdos comerciales entre Estados no concurre el uso de la fuerza ni amenazas, de tal forma que puede existir negociación, pero no el ejercicio de poder, propiamente dicho, en un intercambio de carácter comercial.


Sin embargo, nos resulta cuestionable que Knorr no considere que, si bien, el uso de la fuerza y de las amenazas no concurren abiertamente en los procesos formales de negociación de acuerdos comerciales, si pueden concurrir subrepticia y en forma encubierta en ellos. Es así que llama poderosamente nuestra atención que Knorr no estime, por ejemplo, el rol que desempeña la corrupción en el diseño de las relaciones internacionales comerciales, ya que esta puede llegar a tener finalmente el mismo efecto que el uso de la fuerza y de las amenazas; cuál es la distorsión de la voluntad de los gobernantes y/o de las autoridades encargadas de las negociaciones de tratados y acuerdos comerciales, de tal forma que puedan aceptar designaciones contrarias a los intereses de sus propias naciones y, con ello, someterse al ejercicio del poder económico de otro u otros Estado. Ciertamente, la negociación de acuerdos comerciales es para nosotros el campo de acción del dominio y de la dominación económica.


4, Riqueza y poder económico de una nación


Finalmente, Knorr (1973) también distingue la riqueza económica que posee un Estado del poder económico que este logre desplegar efectivamente, ya que, si bien la riqueza que posee una nación es un activo útil en sus relaciones económicas internacionales y es la base del despliegue de su poder económico, no implica necesariamente que gracias a ello algún Estado ejercerá efectivamente dicho poder, es decir, que empleará deliberadamente su riqueza económica para modificar las conductas de otros Estados.


Ciertamente, estimamos que esta afirmación intenta demostrar que la mayor posesión de riqueza acumulada por un Estado no implica necesariamente que este desarrollará acciones económicas contra otros Estados, es decir, negar al aumento de riqueza económica de una nación como un factor de amenaza o riesgo para otros Estados. Sin embargo, ello no se condice exactamente con la realidad, y para afirmar ello basta citar a algunos Estados que, a pesar de haber sido las mayores potencias económicas durante muchos años, han llevado a cabo una gran cantidad de ofensivas militares en diversos lugares del mundo.


El ejemplo icónico de esta contradicción puede representarlo, sin duda, EE. UU, potencia económica que ha llevado a cabo diversas intervenciones militares en el mundo. Es así que el año 2017 “el total del gasto militar mundial llegó hasta los 1,7 billones de dólares (…). Y sólo Estados Unidos gastó (…) US$610.000 millones.” (BBC Mundo, 2018a) Así también, al año 2018, EE. UU tenía “algo más de 200.000 militares distribuidos en unos 180 países y territorios alrededor del mundo”. (BBC Mundo, 2018b) Siendo que, Anthony Blinken, Secretario de Estado de EE. UU, en 2021 afirmó "no promoveremos la democracia a través de intervenciones militares costosas, o intentando derrocar por la fuerza a regímenes autoritarios. Hemos tratado esas tácticas en el pasado (...), y no han funcionado" (citado por swissinfo.ch, 2021).


5. Conclusiones


Las ideas de Knorr nos permiten identificar una gran paradoja, y es que el mayor bienestar económico alcanzado por las naciones, lejos de constituir un incentivo para lograr el bienestar global, considerando que han logrado ya en gran parte su bienestar nacional, se traduce más bien en un factor de riesgo para ello. Lo cual no implica atribuir una valoración negativa a la acumulación de riqueza, sino más bien, reflexionar sobre los mecanismos globales con los que contamos para que esta condición actúe en función del bien global y no en contra.


Referencias


BBC Mundo. (2018a). Cuáles son los 10 países del mundo que gastan una mayor parte de su riqueza en armamento. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-43984570


BBC Mundo. (2018b). Los 7 países en los que Estados Unidos oficialmente realiza operaciones militares. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-43438533


Flint, P. (1990). Klaus E. Knorr, 78, Professor; Argued Against Use of Military. [The New York Times]. https://www.nytimes.com/1990/03/26/obituaries/klaus-e-knorr-78-professor-argued-against-use-of-military.html


Knorr, K. (1973). Power and Wealth: The Political Economy of International Relations. Palgrave Macmillan

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